Los autores contemporáneos llevan años utilizando la figura y los vestigos del dictador para evidenciar que su herencia ideológica sigue viva. Fernando Sánchez Castillo ha convertido el ‘Azor’ en un cubo de chatarra y Eugenio Merino ha encerrado la figura del caudillo en una nevera

El arte lleva años haciendo lo que la política no hace: mirar al sistema cara a cara para evidenciar sus deficiencias y reclamar la muerte de Franco. La ideológica, por supuesto. Muchos creadores han denunciado que el dictador, sus tics y su herencia, en modo de ideología, censura o fosas comunes, siguen vigentes. La memoria histórica no se ha recuperado. Así que artistas como Eugenio Merino, Francesc Torres, Núria Güell y Fernando Sánchez Castillo, por citar algunos, llevan años intentado exhumar sus restos, los de su obra, se entiende. Seguir leyendo Españoles, Franco ha sido exhumado (por el arte)








Ayer 29 de mayo, tuvo lugar en la librería La llar del llibre de Sabadell la presentación del libro «Caso Cipriano Martos: vida y muerte de un militante antifranquista.» La presentación, que corrió a cargo de su autor, el periodista barcelonés Roger Mateos y del secretario general de Podemos en Catalunya Xavier Domenech, contó con la presencia de militantes y exmilitantes del PCE (m-l) y algunos familiares del propio Cipriano.
«En esta obra, hemos recogido los testimonios de mi padre y de algunos compañeros y parientes acerca de los acontecimientos que vivieron como exiliados. Abarcan desde la retirada del Ejército de la República, el camino hacia el exilio que les llevó a Francia, a Marruecos, a Argelia desde Alicante, en el “Stanbrook”, hasta su internamiento en los campos de concentración en Francia, en Argelia y en el campo de concentración y trabajos forzados de Buarfa en Marruecos. Los testimonios, correspondientes al campo de concentración de Buarfa y las fotografías realizadas en el mismo, son inéditos«.

Un libro reconstruye la vida de un joven militante del PCE(M-L) que murió por ingestión de ácido en 1973 tras ser torturado por la Guardia Civil. El interrogante sobre la muerte (¿suicidio o asesinato?) es el último cabo por atar de un relato de represión, violencia y ocultación por parte del franquismo. Martos agonizó durante 21 días en un hospital de Reus sin que nadie avisara a su familia y hasta fue enterrado en una fosa común a sus espaldas 
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