
Tanto el Tribunal Supremo como la Justicia Militar son más de proteger acosadores y agresores sexuales, ladrones, torturadores, malversadores o fascistas, por eso quien denuncia su existencia ha sido expulsado y todos ellos siguen dentro de las Fuerzas Armadas. Hablar, hacerlo con claridad y sin tapujos sigue siendo un crimen perseguido en nuestra sociedad, en eso que muchos se empeñan en catalogar como democracia. Democracia que asciende a general a golpistas y fascistas, que demuestra una enorme comodidad con militares delincuentes entre sus filas, pero en la que no tenemos espacio aquellos que denunciamos lo que no funciona en el sistema. Democracia que amordaza a sus ciudadanos. Seguir leyendo ¡No podréis callarnos!, por Luis Gonzalo Segura*












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